La mayoría de los negocios del futuro serán así porque Internet lo quiere así. Cuando compramos un queso por Internet, es casi seguro que no lo hemos probado antes. Cuando reservamos el hotel de nuestras vacaciones o nuestra casa rural en el campo, es posible que nuestra maleta no haya estado nunca allí. Internet es la clave de esa elección, porque los productos ya no se prueban antes de consumirlos ya que la red nos permite controlar la comunicación y la relación con el producto.
Con la llegada de las Redes Sociales, son muchas las personas que lo prueban y que regalan un trocito de la “muestra” a otras personas. Ese antiguo merchandising que enseñábamos a nuestros amigos en forma de sachette, lo enviamos ahora en forma de Like o Twitt, a la vez que nos geolocalizamos en el lugar de la “degustación” lo que implica una importante extensión del producto basado en la recomendación.
Con este panorama, lo realmente preocupante es que el turista esta fuera de control, porque no mantiene una conversación en nuestro ámbito, y no deja rastro porque cambia de opinión continuamente. El entorno rural tiene que ofrecer espacios tecnológicos que provoquen una necesidad y con ella la comunicación con sus círculos, distribuyendo intereses al más puro estilo de Google+.
La reputación de un producto online, ya no se hace comprando, sino a través de los Klouts, Google+, Facebook, Twitter y otras plataformas sociales. En las áreas rurales, es necesario que ofrezcan sus productos a los consumidores a través de Internet. Hemos ahorrado en el merchandising, porque el escaparate está en la Red. Ya no existen temporadas según los meses, existe reputación online todo el año ya que la Red no solo no cierra que además oscila por temporadas. ¿Dejarías que alguien que no conoce tu fantástico producto, hablará mal de él?

























