La mentalidad de no necesitar un sueldo, de no tener un centro de trabajo y de no dividir un calendario entre ocio y trabajo, es una de las grandes carencias en este país. Hace poco, leía que el 20% de los negocios de turismo rural van a cerrar, y me pregunto si era necesario que hubieran abierto. España, es un país con muchas personas con ganas de hacer cosas, de ser imprescindible todos los días, de aportar arte y creatividad a sus trabajos, pero el sistema te introduce de forma sigilosa en un callejón sin salida.
La rutina siempre quiere que te establezcas en un sitio. Mira a tu alrededor y todos hacen lo mismo y en los mismos negocios. Si cuando visitas un destino, todos ofrecen lo mismo, ¿Qué importa dónde parar?. Si cuando pides una ayuda en un país para emprender todos ofrecen los mismo ¿Qué importa en cuál invertir?. ¿Cuál será el que nos deje demostrar nuestro arte?. Ni tan siquiera los médicos interactúan con los pacientes formando parte de la rutina en lo que empezó como una ayuda, enseñanza e interacción, coartando el alma emprendedor y solidario que todos llevamos dentro.
Tenemos talento en nuestro país y mucho, pero lo desconocemos. Agencias de noticias que nos conocen emprendedores claves de su región, políticos asustados porque no pueden dejar que su cerebro reptiliano les atormente día y noche con la dificultad de atender a los ciudadanos al no sentir el aliento de un sector en crisis en el que se han parapetado muchos años, y empleados que se preguntan qué pueden hacer para cambiar la rutina diaria.
Cuando visito un teatro, veo a muchas personas entrar y salir que llena el aforo con pequeños papeles, y me pregunto porqué alguno no sueña con hacer obras maestras en los escenarios en lo que es secundario. ¿Qué puede ocurrir cuando para estar tan cerca del éxito, seas incapaz de protagonizarlo?.
He hablado en este blog muchas veces de la revolución digital, pero es más importante la revolución de las personas, del talento, del conocimiento. El vehículo para moverlo, da igual que sea Internet que una cadena de montaje. Muchas veces, me he preguntado qué haría sino tuviese créditos, si sería tan amable con mis clientes, si haría lo posible por establecer relaciones, si en definitiva viviría ahogado por una reserva. En cierto modo, yo también soy un emprendedor en riesgo, con crisis sobre si realmente es correcto lo que hago o si realmente debo abandonarme a mi suerte.
La diferencia es que quiero aprender y mientras haya algo que aprender, habrá una creatividad que desarrollar, y unas personas a las que contárselo. ¿Aún piensas que emprender es un riesgo?. ¿No crees que llevas un artista dentro que puede cambiarlo?.

























